Exogestación

¿Qué és la exogestación? 

Si observamos la naturaleza y nos fijamos en las diferencias entre los recién nacidos humanos y las crías de la mayoría de otros animales de la clase de los mamíferos veremos rápidamente muchísimas diferencias. Los humanos somos, prácticamente, la única especie que cuando nacemos tenemos una dependencia absoluta de nuestros progenitores (dejando de lado los marsupiales). La mayoría de crías son capaces de ponerse de pie en cuestión de minutos, horas o al menos muy pocos días después del parto y pueden seguir a sus madres siendo capaces de valerse mínimamente por ellos mismos.

EXTEROGESTACIÓN

Para los humanos este proceso tarda mucho más. Desde que nacemos hasta que los bebés son capaces de desplazarse pasan, no sólo unos minutos ni unas horas, sino meses enteros! Este fenómeno, como hemos dicho, es prácticamente inaudito entre el resto de mamíferos, sin embargo, en la historia de la humanidad, más concretamente en la prehistoria de la humanidad, esto no siempre ha sido así.

Según los arqueólogos y la teoría de la evolución humana los primeros homínidos, los que aún no se desplazaban de forma erecta totalmente (como los australopitecos), tenían cinturas mucho más anchas que las nuestras y unos cráneos mucho más pequeños, lo que permitía que los partos fueran más seguros y sencillos para las hembras. Las crías nacían con un cráneo algo más reducido que el de los adultos (a diferencia de nosotros donde el de los adultos es 4 veces mayor) y por lo tanto con un nivel de maduración que les permitía dominar ciertas funciones motrices básicas con relativamente poco tiempo .

Con el paso de miles de años y a medida que los homínidos fueron evolucionando se produjeron dos grandes cambios que cambiarían la biología humana. El hecho de andar derechos produjo que las cinturas se estrecharan y en contrapartida, el aumento de inteligencia (como rasgo vital que nos ha permitido continuar con nuestra evolución) provocó que nuestros cráneos fueran aumentando de volumen, provocando que cada vez los partos fueran más complicados.

Así pues, y de acuerdo con la teoría de la evolución, los homínidos que sobrevivieron fueron los que se pudieron adaptar a estos cambios y la única manera de hacerlo fue dando a luz bebés cada vez más inmaduros. Dicho de otro modo, bebés con un cráneo más pequeño pero con una gran capacidad de seguir madurando en el exterior, facilitando así la salida de los bebés a través del útero de la madre. Las especies de humanos que lograron hacer este cambio sobrevivieron, el resto, debido a las dificultades en los partos fueron desapareciendo.

EXOGESTACIÓ

De hecho algunos arqueólogos apuntan la posibilidad, aunque todavía no se ha demostrado, que los primos más cercanos a los Homo Sapiens Sapiens, los Homo neanderthalensis, desaparecieran por esta razón. Parece ser que sus crías nacían algo más maduras que las de los humanos actuales y esto provocaba graves problemas y complicaciones durante los partos, llegando a extinguir así (o quizás siendo una de muchas más causas) la especie.

Sea como sea, lo que sí se ha demostrado es que si los humanos actuales seguimos existiendo es porque evolutivamente fuimos capaces de reproducirnos dando a luz a recién nacidos madurativamente mucho más inmaduros que el resto de mamíferos, con un cráneo mucho más pequeño que el de los adultos y con la capacidad de seguir madurando durante bastante tiempo después del parto (volvemos a mencionar a los marsupiales como excepción).

No obstante, y precisamente por eso, cuando los humanos finalizamos los 9 meses de gestación interna damos luz bebés inmaduros que necesitarán todavía una segunda fase de gestación para poder llegar a alcanzar el grado de autonomía que tienen las crías del resto de especies. De este periodo, recientemente, se ha llamado exogestación o extereogestación.EXTEROGESTACIÓ

El segundo embarazo. ¿Cuánto dura la exogestació?

Desde mediados del siglo XX que este término existe y muchos pediatras, neuropediatras y psiquiatras han intentado establecer las bases de este concepto, su importancia y su duración. Si observamos el grado madurativo del resto de especies en el momento del nacimiento, como ya hemos dicho, veremos que la mayoría logran desplazarse por sí mismos a los pocos instantes ya disfrutando de una cierta autonomía, siempre vigilada y protegida por sus progenitores.

En el caso de los humanos, los bebés no empiezan a gatear hasta después de entre 6 y 10 meses (aunque no todos los bebés pasan por esta fase). Es también en este periodo cerca de los 10 meses que los pequeños empiezan a dominar el espacio más cercano y interactuar con él con facilidad. Es por ello que la comunidad científica, después de calcular que la media de los niños que empiezan a gatear es de 9 meses, estableció este valor como la duración de la exogestació. Nueve meses en el interior del útero para formar fisiológicamente el individuo y nueve meses en el exterior para asumir la autonomía necesaria para comenzar a desplazarse por el entorno con cierta seguridad (y al igual que en el caso de los otros mamíferos) vigilados y protegidos por los padres.EXOGESTACION

Así pues, después de tomar conciencia de que la gestación humana no es un proceso que finaliza con el parto si no que sigue posteriormente, tal vez sea necesario dar un vistazo a este periodo tan importante de la vida desde un nuevo punto de vista. Y es que ahora sí … si nos fijamos en los marsupiales, los únicos seres que como nosotros nacen inmaduros (para ser honestos, mucho más que nosotros), vemos que posteriormente al parto, la hembra dispone de unos órganos que le permitirán ayudar a su cría a terminar la gestación en el exterior. Los seres humanos no tenemos estos aparatos, pero como ya hemos dicho, tenemos una herramienta mucho más grande, la que nos ha permitido sobrevivir; la inteligencia. Y gracias a la inteligencia podemos ser capaces de dar a nuestros pequeños todo lo que necesitan para poder terminar esta segunda gestación, pero para hacerlo bien (que en realidad es lo más sencillo e instintivo) hay que entender la importancia y las necesidades de esta etapa.

¿Qué necesita mí bebé durante la exogestación?

A lo largo del primer año de vida, el cráneo de los bebés aumenta un 60%. Esto significa que durante el periodo del exogestació los pequeños madurarán (con todo lo que conlleva el pleno significado de esta palabra) como nunca más lo harán a lo largo de su vida. Y cuando lleguen a la edad de 5 años su cerebro ya habrá llegado al 90% de su crecimiento.

En términos neurológicos podríamos decir que el número de sinapsis que se realizarán durante este periodo es el más elevado que se producirá a lo largo de su vida, es decir, se crearán las conexiones neuronales que se encargarán de registrar toda la información útil para desarrollarse y para dar respuesta a nivel motriz, social y emocional.

De hecho, si lo paramos a pensar, ¿en qué otro momento el humano es capaz de aprender una habilidad motriz tan difícil como es caminar en la que interviene coordinación y equilibrio (para no mencionar aprender el resto de habilidades motrices) y la correcta gramática de uno, dos o incluso tres idiomas con tanta facilidad y rapidez? ¡Nunca más!

SINAPSIS

Hasta la adolescencia el cerebro seguirá creando sinapsis que le aportarán miles de recursos y también sufrirá un periodo de “poda” donde se eliminarán todas aquellas neuronas que no han hecho sinapsis (no se han conectado con otras neuronas, o con pocas) o las que han hecho sinapsis poco útiles. Pasado este periodo el cerebro mantendrá una plasticidad que le permitirá seguir aprendiendo informaciones necesarias o olvidando datos inútiles, pero no lo hará nunca más ni con la velocidad ni con la facilidad de las primeras etapas de la vida.

Volviendo a la exogestación, este fenómeno sináptico es cuando más se produce y con más fuerza. Es el momento en que el sistema nervioso activará los sentidos y comenzará a intentar procesar e interpretar todas las informaciones que le llegan del entorno.

Si durante este período el bebé se siente solo y desatendido deberá focalizar toda su atención en los miedos y los peligros. Las sinapsis que creará estarán basadas en “imputs” negativos y no podrá focalizarse en crear sinapsis útiles que le sirvan para interactuar con el mundo. Cuando lleguen al período de “poda” eliminará buena parte de las sinapsis hechas ya que pocas serán útiles y la pobreza de las redes neuronales que ha construido durante este período será más difícil de enriquecer. Son conocidos los niños, y hay cientos de casos reportados (desgraciadamente), que han crecido en orfanatos donde han pasado mucho tiempo solos en la cuna. La mayoría de estos casos (por no decir todos) presentan graves retrasos en su desarrollo motor. Muchos de ellos a los 12 meses apenas saben sentarse y hasta los dos años no saben ponerse de pie y caminar. La mayoría de estos niños, de mayores, muestran problemas graves para relacionarse y presentan graves problemas emocionales, cognitivos y psicológicos, e incluso persisten en menor grado aunque hayan sido adoptados por familias acogedoras a lo largo del segundo o tercer año de su vida.

Por el contrario también se ha demostrado que niños demasiado estimulados, como en el caso de bebés que les han intentado enseñar a leer prematuramente, estos se inhiben ya que no pueden superar los retos que se espera de ellos y esto produce hormonas que actúan negativamente consiguiendo un cierre de conexiones neuronales que no permite obtener los frutos esperados sino todo lo contrario.

Durante la etapa de la exogestación el pequeño acaba de salir de un espacio de confort, de un espacio cerrado que si bien no era consciente, lo conocía, lo sentía y le reconfortaba. En el vientre de la madre el bebé tenía todas las necesidades cubiertas; alimentación permanente, temperatura ideal, balanceo y tranquilidad escuchando los latidos del corazón. Después del nacimiento, el bebé empieza a crear todas las sinapsis que le permiten poder introducirse en el mundo. Es en este momento, de máxima importancia, donde el bebé necesita la misma tranquilidad, necesita notar que una parte de él se siente seguro como cuando estaba en el útero de la madre. Las sensaciones que recibe le pueden generar miedo y temor y es por eso que llorará, manifestando alguna incomodidad y buscando el alivio de la madre o del padre. Si el bebé recibe este confort podrá centrar toda su atención a poder seguir procesando informaciones, poder seguir creando sinapsis sobre informaciones que le serán útiles y es entonces, y sólo entonces, que podrá madurar y desarrollarse sana y satisfactoriamente. Y es que la neurociencia ha demostrado también que muchas de las sinapsis que los pequeños realizan de forma natural en un entorno cuidado y con afección son conexiones que sólo se podrán realizar durante este periodo de tiempo, y si no se realizan entonces, difícilmente se producirán.

Durante el último siglo han surgido corrientes que defendían que el llanto del niño era un reclamo que pretendía manipular los adultos y que cuanto más caso se le hacía más necesidades reclamaba el niño y se convertía así en un pequeño tirano, en un niño sobreprotegido. No obstante, la neurología está demostrando todo lo contrario. Cuando un niño llora lo que intenta es comunicar una necesidad, y cuando el progenitor le complace, el niño puede seguir centrándose en su tarea de absorción de información para poder entender el mundo. Cuando la madre o el padre están en contacto con el niño esta comunicación mejora. Con el paso de las semanas los padres suelen reconocer las necesidades de sus niños y éstos no tendrán la necesidad de llorar cada vez que quieran comunicar algo, estarán satisfechos y sabrán que cuando es necesario tienen lo que necesitan. Esto les permite seguir creciendo y madurando tranquilamente.

¿Qué beneficios tiene criar con apego?

A partir de diferentes estudios la Dra. Heller descubrió una relación interesante con respecto a la crianza de proximidad. Después de analizar y supervisar el crecimiento de niños en diferentes hogares descubrió que las familias que criaban a sus bebés con más proximidad, con más contacto, porteando al bebé o meciendo con sus brazos más a menudo, los pequeños tenían un sistema cardiovascular y respiratorio más regular que los de los pequeños que pasaban ratos solos. Con otras palabras suyas; “mientras el niño está en contacto con su madre su sistema se mantiene regulado y a tempo. Pero cuando el pequeño crece aislado, su sistema basal debe trabajar el doble de fuerte para mantener esta armonía física y psicológica”. Así pues, a partir de sus estudios queda claro que una crianza donde el niño está satisfecho física y emocionalmente permite tener niños más descansados, menos estresados, menos asustados y pueden focalizarse en otras informaciones que le llegan a través de sus sentidos. Y es que en el fondo no es demasiado difícil de entender ya que los adultos podemos vivir escenas similares… Cuando un adulto, por ejemplo, se enfrenta a un examen y debe estudiar, ¿qué es más conveniente un entorno tranquilo y estable o un entorno desconcertante, mal iluminado y donde no nos sentimos tranquilos ni cómodos?porteo

Las teorías epigenéticas también defienden esta línea. Según estudios recientes, los genes tienen una información única y diferenciada en cada individuo y estos genes son únicos e inalterables. Contienen información única que no puede ser alterada (excepto en caso de mutación). Lo que si que varía pero es como la célula lee esta información. El gen contiene millones de informaciones útiles para el organismo pero la célula lee sólo aquellas partes de la información que le son útiles para desenvolverse en el entorno concreto donde vive el organismo. Así pues el entorno es de máxima importancia para el desarrollo de cualquier persona a lo largo de su vida, pero aún más durante los primeros meses donde las células del sistema nervioso estarán trabajando como nunca más lo harán construyendo el propio cerebro. La epigenética pues serviría para dar respuesta también al caso de los niños de los orfanatos. Un entorno sin afecto, sin contacto, sin estímulos provoca la maduración de cerebros poco resolutivos y emocionalmente alterados.

Así pues, después de que la ciencia haya demostrado lo que nuestros instintos ya nos advierten, que los niños necesitan amor y proximidad para desarrollarse con armonía, es el momento de preguntarnos qué hemos sido hecho en occidente durante el último siglo XX. Empujados por los ritmos cada vez más frenéticos de nuestras sociedades, por las necesidades económicas, para hacer crecer nuestras carreras laborales (tanto hombres como mujeres) cada vez hemos olvidado más este periodo del que ahora le hemos tenido que poner un nombre para remarcar su importancia; la exogestación. Antiguamente, por falta de expectativas laborales, por necesidad, o por cualquier otro motivo los pequeños pasaban más tiempo con la familia, especialmente con las madres. No pretendemos decir que los modelos de crianza ni de educación en la edad media, moderna o inicios de la contemporánea fueran mejores que las de ahora, ni mucho menos! Pero sí por los motivos citados anteriormente los pequeños tenían este espacio para poder pasar esta fase inicial de sus vidas pegados a sus madres.

Actualmente para la mayoría de familias esto es impensable (más que durante los permisos de baja por maternidad y paternidad) sea por los motivos que sea. Sin embargo, no disfrutar del tiempo que deseamos tampoco debe significar que los pequeños no puedan vivir este calor humano que necesitan. Actualmente bastantes bebés pasan largos ratos separados de sus padres y los ratos que están juntos es necesario que los padres dediquen el tiempo a las tareas del hogar y a descansar. El problema es que durante estos periodos los pequeños tampoco pueden disfrutar del calor de sus padres ya que a veces los dejamos durmiendo en una cuna separados de la cama de los padres o en un cochecito o hamaca mientras trabajamos. Aquí es cuando el problema se intensifica.

Si las pocas horas que dispone la familia para estar con sus pequeños no pueden estar con él, no le pueden dar el calor que los reconforta, no lo pueden tocar, hablar con él, cantarle canciones o dormir con él, estos niños se pasan el día focalizados en su soledad, atentos a los peligros, a los miedos… no pueden disfrutar de ratos para centrarse en el resto de estímulos y por tanto las sinapsis que crean no son de gran calidad, o por lo menos no permiten que el niño desarrolle todo su potencial, y lo más grave, mientras que emocionalmente no se sienten confortados.

Uno de los órganos por donde reciben más estímulos los bebés es a través de la piel. A partir de tocarlos, de hacerles masajes y de tenerlos en contacto con la piel de los padres es como ellos se sienten más seguros, queridos y acogidos. En sus estudios la Dra. Ruth Rice demostró que el masaje infantil ayudaba al desarrollo motriz, intelectual y emocional de los bebés. Tras realizar masajes cuatro veces al día a diferentes bebés, pudo observar que estos claramente demostraban un nivel intelectual y motriz superior a la media de la población de bebés de cuatro meses que no habían recibido esta terapia. Así pues, claramente un cochecito, una hamaca o una sillita nunca podrá ofrecer esto.

Si a lo largo del día disponemos de pocas horas con nuestro bebé, tal vez hay que replantear la calidad de las horas que estamos con él. Más o menos tiempo con él no significa más calidad. La calidad va en función de cómo de seguros, queridos y confortables podemos hacer sentir a nuestros hijos cuando estamos con ellos y también cuando no estamos. Y es que cuando los bebés se sienten así de reconfortados no sólo su cerebro se ve beneficiado. En el libro de A. Montgau “Growing you” rebela que los doctores Gardner y Patton pudieron encontrar una gran relación entre la hormona del crecimiento y la afección. Y es que después de comprobar el desarrollo de niños en diferentes entornos vieron claramente que los niños que recibían menos afecto segregaban más cortisol para conseguir relajar sus organismos. Un índice elevado de esta hormona en el cuerpo de los bebés afecta negativamente la hormona del crecimiento y también al sistema inmunitario.EXOGESTACIO

Según el psiquiatra Peter Cook no debemos hacer nada especial para ayudar al nuestros bebés a crecer. Es un proceso que ellos realizarán solos. El cerebro de los pequeños trabajará constantemente para irse adaptando a este mundo. Poco a poco serán ellos los que cada vez saldrán más del nido (los brazos de los padres). Ni siquiera los muñecos o los juguetes son imprescindibles, según él. Con el confort de la seguridad y un entorno que ellos puedan ir sintiendo, escuchando, viendo, tocando, manipulando … acabarán madurando por sí solos. “Da tranquilidad, calor, sonrisa, canciones… sigue tu instinto, y todo pasará por sí solo!”.

El porteo como herramienta y solución

El útero de la madre ofrece al bebé seguridad, calor y la sensación de estar contenido. Según el Dr. Pearce, estas características son las que el bebé sigue buscando en el exterior. Y defiende el porteo como un sistema de seguir en “el útero pero con vistas”. Lo que los sistema de porta-bebés ergonómicos ofrecen es la posibilidad de ir graduando poco a poco la salida del bebé hacia el mundo exterior. Es un emplazamiento que permite al pequeño comenzar a descubrir el mundo pero sintiéndose reconfortado como cuando aún estaba en el vientre de la madre.

Cuando llevamos nuestro bebé con un fular o una bandolera recreamos las condiciones de presión y confort que el pequeño tenía cuando aún estaba en el vientre de la madre. Y, al igual que dentro del útero, el bebé se siente protegido y seguro pero con una posición perfecta para ver el mundo, que es especialmente importante habiendo visto que su cerebro está en un periodo máximo de maduración y crecimiento. El movimiento, mientras la madre camina, es muy similar al movimiento que vivía el niño cuando estaba dentro del útero, algo que no le resulta extraño, sino agradable y familiar, y puede seguir sintiendo el latido del corazón de la madre que tanto le acompañó en el útero. Además, cuando el pequeño es porteado, constantemente es acariciado, besado y se mantienen conversaciones con él con más facilidad. La proximidad que necesita está garantizada y su organismo relajado tiene más facilidades para trabajar correctamente, segregando todas las hormonas que necesita.Portanadons anelles

Volviendo a las sociedades frenéticas de hoy en día … Es difícil encontrar el tiempo para todo. Pero tener un hijo requiere encontrar este tiempo. Tener que encontrar este tiempo y poder dar a nuestro pequeño todo el calor que necesita. Cada día surgen nuevas alternativas de crianza más respetuosas con las necesidades de los niños. Surgen proyectos a más pueblos y ciudades para poder dar acceso a todas las familias que no pueden pasar todas las horas con sus hijos. Es tarea de los padres encontrar esas alternativas… Pero también es trabajo de los padres dar ese amor y ese calor a sus hijos cuando están en casa con ellos. Masajear, hablar con ellos, jugar y no dejarlos aparcados en “contenedores” de plástico… Los fulares y las bandoleras son una buena solución para ayudarles a dormir, darles el pecho más cómodamente e incluso poder realizar algunas pequeñas tareas domésticas o pequeños encargos mientras estamos con ellos… mientras ellos están con nosotros … mientras están tranquilos y dejamos que suceda lo que es inhabitable; que crezcan para ser libres!

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